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Qué ver en Abanilla y alrededores: guía completa

9 julio 2026 · 8 min de lectura
Comedor de Casa Fulgencio, restaurante murciano cerca de Abanilla

A poco más de un cuarto de hora de Fortuna se esconde uno de los pueblos con más personalidad del nordeste de la Región de Murcia: Abanilla. Un municipio de en torno a 7.000 habitantes rodeado de un paisaje semiárido de badlands que, de repente, se abre en un mar de palmeras. Si buscas qué ver en Abanilla y alrededores, aquí tienes una guía honesta: su casco antiguo, su naturaleza, sus fiestas y su cocina de interior. Y, al final, dónde parar a comer cuando cierres el día.

El casco de Abanilla

El núcleo antiguo de Abanilla conserva un trazado urbano de origen medieval, de calles estrechas y casas solariegas que invitan a callejear sin prisa. Es un pueblo para recorrer a pie, dejándose llevar.

La referencia es la iglesia parroquial de San José, un templo del siglo XVIII con cúpula y un altar mayor destacado. Desde aquí parte cada primavera la romería de la Santa Cruz, así que es también el corazón simbólico del municipio.

Muy cerca encontrarás dos joyas de la arquitectura civil. El Ayuntamiento, edificado entre 1751 y 1762 durante el reinado de Fernando VI, conserva ventanales, herrajes y molduras de época. Y La Casa Pintada, una vivienda del siglo XVI que debe su nombre a la fachada policromada, con una portada rematada por friso, pináculos en forma de bola y el blasón de la familia. Completa el paseo la Casa Cabrera (siglo XVIII) y un curioso Lavadero Público, citado como único de su tipo en la Región de Murcia.

Naturaleza y palmeral

Lo que de verdad sorprende a quien llega por primera vez es el contraste. Abanilla posee uno de los palmerales más importantes del sureste peninsular, con miles de palmeras datileras —muchas centenarias— que forman un auténtico efecto de oasis frente al entorno árido, especialmente en la zona de Mahoya. No es un capricho reciente: la palmera datilera ya aparecía como cultivo en las Ordenanzas del municipio de 1422.

El otro gran protagonista es el río Chicamo, afluente del Segura que nace cerca de la pedanía de Macisvenda y se encajona en un cañón estrecho —la garganta de El Cajer— con paredes de hasta unos 40 metros. Es un enclave de enorme interés geológico y botánico, un verdadero «oasis en el desierto».

Si te gusta el senderismo, la ruta PR-MU-74 Mahoya–El Cajer parte de la pedanía de Mahoya y combina el paisaje de badlands con tramos en los que hay que caminar por el propio cauce. Un par de consejos: lleva calzado que se pueda mojar y déjala para primavera o verano, cuando el agua se agradece.

Fiestas y tradiciones

Si puedes elegir fechas, apunta el cambio de abril a mayo. Las fiestas de la Santa Cruz y de Moros y Cristianos se celebran entre la última semana de abril y la primera de mayo, y están consideradas de gran tradición: los desfiles de Moros y Cristianos están documentados nada menos que desde 1598.

Detrás de todo ello hay una leyenda: según la tradición, a finales del siglo XIV o principios del XV unos trabajadores del riego en la zona de Mahoya hallaron un estuche de cuero con dos astillas de madera en forma de cruz, el Lignum Crucis, venerado desde entonces como patrón. La reliquia protagoniza dos romerías al año, el 3 de mayo y el 14 de septiembre.

“En 2026 las fiestas tienen un aliciente extra: se celebra un Año Jubilar por los 500 años de veneración del Lignum Crucis, con el 3 de mayo como fecha central.”

Gastronomía de la zona

Abanilla es tierra de secano, y eso se nota en la mesa. La cocina local mira a las carnes a la brasa —con el cabrito como gran protagonista—, al arroz con conejo y caracoles, a los embutidos caseros y a platos de cuchara tan murcianos como las gachasmigas con tropezones, los gazpachos de monte o la tortilla gacha. Entre las verduras, mandan las habas y las alcachofas, que aquí llaman alcaciles.

El capítulo dulce es igual de goloso: albaricoques damascos, la pereta (una variedad local), dátiles, higos y granados, además de una repostería de buñuelos, almojábanas, monas, rollos de naranja y anís y pastas de almendra. Todo ello regado con el aceite de oliva virgen extra de la zona y con vinos artesanos locales. Es una despensa de interior que enlaza directamente con nuestra propia cocina: puedes ver cómo la trabajamos en nuestra carta.

Dónde comer cerca

Seamos claros: Casa Fulgencio no está en Abanilla, sino en Fortuna. Pero están tan cerca que merece la pena contarlo. Nos separan unos 13 kilómetros —alrededor de 15 minutos en coche— por una carretera cómoda que pasa junto a los Baños de Fortuna. Es decir: puedes pasar la mañana entre el palmeral y el casco antiguo de Abanilla y sentarte a comer a mediodía sin apenas desviarte.

En Casa Fulgencio hacemos cocina tradicional murciana desde 1985: carnes ibéricas a la brasa, arroces, pescado fresco, postres caseros y unas tapas que nos han valido premio del jurado en las Rutas e-Tapas de Fortuna. Si vienes desde Abanilla, te lo contamos con detalle en nuestra página de restaurante cerca de Abanilla, y si además te apetece combinar el balneario, mira qué hacer en los Baños de Fortuna.

Reserva mesa tras tu visita a Abanilla

Estamos a unos 15 minutos, en Fortuna. Cocina tradicional murciana y tapas premiadas. Te confirmamos al momento por WhatsApp.

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Un consejo final: reserva antes de salir de casa. Así, cuando termines de recorrer Abanilla y sus alrededores, ya tendrás mesa esperándote. Te esperamos en Casa Fulgencio.

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